La trampa en la que puedes caer

Hay una trampa en la que caen muchas mujeres competentes.

 

Se vuelven tan buenas resolviendo problemas que terminan resolviéndose a sí mismas demasiado rápido.

 

«Estoy cansada porque he tenido una semana difícil.»

 

«Es normal que me duela la nuca.»

 

«Ya descansaré cuando termine este proyecto.»

 

«Se me pasará.»

 

Las conclusiones rápidas son cómodas.

 

Son como poner una manta sobre una alarma de incendios.

 

El sonido desaparece.

 

El incendio sigue ahí.

 

Hace unas semanas vino Julio a verme.

 

Tiene 65 años y sigue jugando tenis todas las semanas. De esos que todavía corren detrás de pelotas imposibles como si hubieran firmado un pacto secreto con el tiempo.

 

Llegó con una molestia muy concreta debajo del glúteo derecho.

 

Aparecía cuando abría la pierna hacia un lado.

 

Lo fácil habría sido sacar una conclusión inmediata.

 

Piriforme.

 

Ciático.

 

Tendón.

 

Alguna etiqueta rápida para sentir que ya entendíamos el problema.

 

Pero cuando algo importa, prefiero mirar antes de concluir.

 

Escuchar antes de decidir.

 

Observar antes de intervenir.

 

En la camilla apareció una historia distinta.

 

Sí, el tendón estaba irritado.

 

Pero la causa venía desde más abajo: restricciones acumuladas en estructuras que llevaban tiempo obligando al cuerpo a compensar.

 

Como esas grietas que aparecen en una pared y que muchos intentan pintar una y otra vez, sin darse cuenta de que el problema real está en los cimientos.

 

Y pensé que eso mismo ocurre con frecuencia fuera de la camilla.

 

Nos damos explicaciones rápidas para seguir funcionando.

 

Seguimos adelante.

 

Seguimos resolviendo.

 

Seguimos cargando.

 

Hasta que un día el cuerpo decide subir el volumen porque los susurros ya no fueron suficientes.

 

A veces no necesitas más fuerza de voluntad.


A veces necesitas que alguien observe lo que tú dejaste de mirar hace tiempo.

P.D.: Lo que más tiempo lleva acompañándote rara vez desaparece porque lo ignores. Solo aprende a llamar tu atención de formas cada vez más difíciles de ignorar.