Hay una zona de tu espalda que sabe exactamente cuánto estás soportando.
Y normalmente está dura como una piedra.
La encuentro en 9 de cada 10 personas que llegan a mi camilla.
Lo curioso es que muchas ni siquiera saben que está ahí hasta que la toco.
La famosa tensión interescapular.
Y no suele aparecer porque levantaste algo pesado.
Aparece porque llevas demasiado tiempo levantando cosas que no se ven.
Responsabilidades.
Expectativas.
Problemas ajenos.
Decisiones que nadie quiere tomar.
Personas que esperan que estés bien porque siempre has parecido estar bien.
Con los años, algunas mujeres terminan convirtiéndose en una especie de mula de carga de lujo.
Por fuera, impecables.
Por dentro, agotadas.
Y el cuerpo acaba haciendo lo que sabe hacer:
guardar la cuenta.
A veces la tensión aparece más del lado derecho.
Como un guardia de seguridad que olvidó que su turno terminó hace horas.
Todo bajo control.
Todo supervisado.
Todo resuelto.
Menos ella.
A veces aparece más del lado izquierdo.
La especialista mundial en imaginar escenarios que nunca ocurren.
Pero que su sistema nervioso decide ensayar igualmente.
Y luego está el caso más frecuente.
Ambos lados.
Como si llevaras dos maletas colgadas de las escápulas.
Una llena de obligaciones.
La otra llena de personas a las que no quieres decepcionar.
El problema es que el cuerpo suele ser muy educado.
Primero susurra.
Después insiste.
Después aprieta.
Y finalmente obliga.
Primero es una molestia.
Después una rigidez.
Después te cuesta respirar profundo.
Después girar el cuello.
Después descansar.
Y un día te acostumbras.
Y ahí es donde empieza el verdadero problema.
Desde la perspectiva de la Medicina Tradicional China, esta zona suele reflejar un desajuste entre la carga que sostienes por dentro y la que muestras por fuera.
Por eso rara vez trabajo únicamente donde duele.
El Shiatsu Miofascial busca liberar esa tensión acumulada para que tu cuerpo deje de cargar lo que ya no necesita cargar.
P.D.: Tu zona interescapular lleva tiempo intentando tener una conversación contigo. El detalle es que no habla español. Habla tensión, rigidez y dolor. La pregunta es cuánto tiempo más quieres hacer como si no entendieras el mensaje.
