Te aseguro que no exagero.
Si me conoces un poco, sabes que tengo mis hábitos para mantenerme centrado y con buena energía.
Porque cuando doy una sesión, necesito estar limpio —energéticamente hablando— para poder ayudarte a soltar tu carga.
Pero hay días…
Días en que alguien entra a la camilla con una nube tan negra que parece tormenta tropical.
Empiezo a trabajar puntos, liberar fascias, desbloquear diafragmas…
y de pronto, náuseas.
Dolor de cabeza.
Un revoltijo que no es mío.
No te asustes, no necesito incienso ni agua bendita.
Con respiración, técnica y los pies bien puestos sobre el suelo, la nube se disuelve.
No se queda conmigo; simplemente se transforma y baja su peso en mi clienta.
Casi siempre, al final de la sesión, ella abre los ojos distinta.
Más ligera, más clara, más viva.
A veces llora.
A veces ríe.
Pero siempre se va nueva.
Y ahí es cuando recuerdo por qué me gusta tanto esto:
porque ningún robot, app ni masaje mecánico va a poder hacer eso.
Si sientes que tu cuerpo pide una “desposesión de estrés”,
te espero con Shiatsu Miofascial.
2 espacios disponibles para la próxima semana.
